Nancy

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domingo, 7 de marzo de 2010

EN EL ANIVERSARIO DEL 8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

De la preponderancia femenina absoluta (ginecocracia), expresada en las múltiples imágenes de diosas (Venus) se llegó a una de carácter masculino (patriarcado) generalizado, llegándose al colmo de negarle cualquier derecho a la mujer, incluso el de ser portadora de conocimientos, acusándosele de bruja y sometiéndosele a la hoguera.

Aún así hubo valiosos intentos por revertir esta situación, como cuando ocurrió la Revolución Francesa, siendo Olympe de Gouge quien escribiera la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791. El alemán August Bebel, un destacado propagandista y teórico del marxismo, fijaría a finales del siglo XIX la consigna básica del feminismo socialista: "no puede haber ninguna liberación de la humanidad sin la independencia social y equiparación de los sexos". Para Marx y Engels, la igualdad política entre la mujer y el hombre era una condición necesaria para la plena emancipación de la sociedad.

Además, los fundadores del socialismo entendían que la base fundamental de la emancipación femenina era su independencia económica frente al hombre. No obstante, muchos socialistas hombres no compartían en la práctica lo sustentado en la teoría, de ahí que mujeres como Louise Michel, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo se vieran obligadas a rebatir y a combatir las posiciones machistas de sus camaradas. Todo esto ayudó a darle fisonomía propia al feminismo y a las luchas de las mujeres en procura de sus derechos plenos.

Ahora es importante acotar que aún se requiere de una crítica al sistema de explotación económica y ambiental que supone el capitalismo, incluyendo las expresiones del feminismo indígena, afrolatinoamericano, lésbico y analítico. Hoy los derechos de la mujer se extienden a su derecho a no sufrir violencia doméstica (de cualquier nivel) ni a ser objeto de juicios morales y religiosos excluyentes por exigir la legalización del aborto, el reconocimiento de las disidencias sexuales y el prevención de métodos anticonceptivos.

Una de las grandes conquistas del género humano ha sido, sin lugar a dudas, el reconocimiento de los derechos fundamentales de la mujer en gran parte de los Estados, su rol protagónico en los procesos de transformación social, como su valiosa contribución a la construcción de una sociedad cualitativamente superior en el mundo. La mujer, en su dimensión particular y colectiva, fue desde hace varios siglos y en gran parte del orbe una actora propositiva del cambio y la transformación social, comprometida con los más justos y nobles acontecimientos de la humanidad.

Diremos que la contribución de la mujer al cambio social en el Perú tiene su punto de inicio en el siglo XVIII, etapa del colonialismo español. Este es el periodo que marca la ruptura con el viejo orden colonial y el surgimiento de numerosas rebeliones y revueltas que devinieron luego en la Revolución de Túpac Amaru II en 1780. Alberto Flores Galindo caracteriza a este ciclo de movilización como el esfuerzo de indígenas y mestizos por construir la utopía andina, esto es, la edificación de un nuevo orden político, económico y social diferente al modelo mercantilista impuesto en los ex territorios del antiguo imperio incaico, basado en la extracción de los recursos minerales y la brutal explotación de la población indígena.

El siglo XVIII, llamado también el Siglo de las Grandes Revoluciones, fue el periodo de sucesivas luchas indígenas y populares en el viejo virreynato. Si bien la investigación histórica ha logrado descubrir numerosos alzamientos y revueltas indígenas en Paraguay, el Altiplano y la zona andina de la actual Argentina, la Revolución de Túpac Amaru II de 1780, fue, sin dudas, el que puso en grandes apuros a la corte española del Virreynato del Perú por su influencia y alcances en América del Sur, particularmente, por la propuesta programática nacional que rápidamente incluyo a indios, negros mestizos, criollos, incluso españoles pobres, unidos por la expulsión del colonialismo español y la construcción de un nuevo orden en América del Sur.

Pertenecen a este proceso dos mujeres de probado coraje y temple revolucionario anticolonial: MICAELA BASTIDAS PUYUCAHUA compañera de José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru II, precursor de las luchas de los pueblos andinos contra la dominación colonial española y TOMASA TITO CONDEMAYTA, cacique de la comarca cuzqueña de Accos, valerosa mujer que al estallar la revolución tupacamarista el 4 de noviembre de 1870 formo las primeras milicias indígenas para enfrentar y desalojar al invasor español, comprometiéndose en esta histórica causa. Un hecho singular de esta lucha fue la propuesta de Micaela Bastidas a Túpac Amaru II para emprender la toma militar del Cuzco después de la ejecución del Corregidor Arriaga, lo que infiere la radicalidad de su pensamiento y la alta responsabilidad política y militar en el ejercito tupacamarista.

Años después, durante la lucha independentista destaco la figura de MARIA PARADO DE BELLIDO, ejemplo del generoso heroísmo ayacuchano comprometido en la lucha por expulsar al colonialismo español de nuestras tierras, Su condición de analfabeta no fue obstáculo para apoyar, junto a sus hijos y numerosos huamanguinos, que se incorporaron al ejercito patriota del Gral. Arenales actuando como informante y proveedora de ropa y alimentos. Fue apresada y tras sometimiento a la tortura que el derecho colonial español reconocía útil para extraer la verdad y enajenar al individuo del “mal”, fue ejecutada en 1822, cerrando un importante ciclo de la participación de las mujeres en las luchas del pueblo peruano, contra la dominación colonial española.

Desde sus inicios el capitalismo industrial en Europa y EE. UU. se caracterizaron por la maximización del trabajo, la concentración de la riqueza en pocas manos y la minimización de los salarios de los trabajadores, configurando un escenario de grandes desigualdades e injusticias sociales. Nacía así el derecho laboral en Europa y Norte América.

A este proceso de organización sindical de la clase obrera, especialmente, en Alemania, pertenecen dos grandes mujeres: CLARA ZETKIN y ROSA LUXEMBURGO. CLARA ZETKIN, maestra de formación y sindicalista de izquierda por convicción, formo parte de la Liga Spartacus, la primera célula revolucionaria constituida clandestinamente en 1918 en Alemania para perennizar la memoria del gran guerrero ejecutado por el imperio romano por intentar romper las cadenas de la esclavitud en Europa.

Corresponde a esta valerosa mujer haber propuesto en la Conferencia Internacional de Mujeres de 1910 realizado en Suecia para perennizar la lucha de la mujer en el mundo acordando su homenaje cada 8 de marzo en todos los países del mundo. Se reconoce a Zetkin haber introducido la cuestión femenina al debate político, esto es, la igualdad de los derechos en las relaciones laborales, el sufragio de las mujeres, y el rol de la mujer en la política.

Retornando al escenario nacional diremos que con el advenimiento del siglo XIX y la primera oleada capitalista en el Perú la participación de la mujer en el proceso social se concentro en los primeros gremios y posteriormente sindicatos que anarquistas y luego socialistas crearon en Lima, Callao y Vitarte. Corresponde a esta etapa la conquista de la jornada de ocho horas de 1919.

Aunque la historiografía no ha logrado destacar la participación femenina en esta lucha, debemos indicar que en las fábricas y talleres laboraban mujeres contribuyendo al bienestar de sus familias, como en las luchas sindicales de esa época.

En esta fecha, 8 de Marzo, rendimos a las mujeres nuestro homenaje, reconociendo su histórico rol en la lucha por una sociedad cualitativamente superior en nuestro país.

SI DIOS FUERA MUJER : De Mario Benedetti

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